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Prevención y detección de infección respiratoria en los ancianos

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En una edición anterior se hizo mención a las infecciones más usuales en este grupo etario. En cambio, en la actual entrega se hará especial hincapié en la neumonía; es decir, en la principal enfermedad que se da a nivel respiratorio.

Esta afección constituye la inflamación y consolidación de origen infeccioso del parénquima pulmonar. Los adultos mayores son los más susceptibles de padecer esta enfermedad debido a los cambios anatómicos y fisiológicos que suelen acontecer en el aparato respiratorio con el paso del tiempo. (Ver Tabla) .

Se trata de la primera causa de muerte por patología infecciosa en el anciano y se ha demostrado que la edad es el factor pronóstico más importante en esa mortalidad como consecuencia de la neumonía a los 30 días.

Epidemiología, factores de riesgo y manifestaciones clínicas

La incidencia aumenta considerablemente con la edad: más del 80 % de los casos de esta enfermedad se presenta en adultos mayores de 60 años -predomina en el sexo masculino y es más frecuente en las personas institucionalizadas-. Además, la tasa de hospitalización también se incrementa por cada década de vida, superando el 50 % en los mayores de 85 años.

La colonización orofaringea por bacterias y la posterior aspiración traqueobronquial constituyen el principal mecanismo fisiopatológico conocido para las neumonías; la aspiración orotraqueobronquial se asocia a defectos en la deglución sumado a las alteraciones de los mecanismos de defensa pulmonar, como es la deficiencia del reflejo tusígeno.

En tanto, los principales factores de riesgo son el consumo de tabaco, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la diabetes y la insuficiencia cardíaca. Otros factores frecuentes en este grupo etario suelen ser la disfagia, malnutrición, confusión y dependencia funcional.

La presentación en el anciano depende de: la alteración de la respuesta inflamatoria ante la infección, el efecto de las enfermedades subyacentes -comorbilidad-, y los tratamientos. Suele darse en forma sutil, es insidiosa y en ocasiones también atípica; todos estos elementos hacen que sea difícil la realización del diagnóstico y, por ende, esto repercute en el pronóstico.

Las manifestaciones clásicas pueden faltar y ser remplazadas por otras, como es el estado confusional agudo, las caídas, el deterioro funcional, la anorexia, y la somnolencia. Un signo diagnóstico orientador consiste en el aumento de la frecuencia respiratoria o taquipnea -superior a 25 respiraciones por minuto-, aún si la persona no presenta fiebre.

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